Archive for the ‘Alan Moore’ Category

.:: After Watchmen – Saga of the Swamp Thing ::.

Quizá, una de las mejores obras escritas en el comic contemporaneo, quiza, solo un debraye más de Alan Moore, lo cierto es que, su Saga of the Swamp Thing es algo que no imprescindible de leer.

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DC Comics
1984

Alan Moore, Escritor
Stephen Bissette & John Totleben, Arte
Saga of the Swamp Thing #21: Descargalo aquí

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Alan Moore llegó a la industria del comic estadounidense a traves


bla bla bla

Esta es pues, la segunda recomendación del Tio Yuano GL.

Nos leemos en la siguiente columna de “After Watchmen…”

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Alan Moore en Wired Magazine

Wired: ¿Podrías llevarla a cabo en otro medio? (The League of Extraordinary Gentlemen)

Moore: No. De lo contrario la habría hecho en otro medio. Realmente no creo que La Liga hubiese —bueno, podría haber funcionado. Tiempo atrás habría dicho que si alguno de mis cómics hubiese podido funcionar como película, ese habría sido el primer volumen de La Liga. Estaba bastante estructurado como para llevarse directamente al cine, y hubiese sido tan poderoso como lo fue en la publicación original. Pero eso sería ignorar las tendencias del Hollywood contemporáneo, dónde simplemente creo que ninguno de mis cómics se beneficiaría en manera alguna al ser convertidos en películas. De hecho, ocurriría justamente lo contrario. Los temas de en los que trataba de insistir en esos cómics eran generalmente temas sólo apropiados para el medio del cómic.

Eran sólo sobre el medio del cómic, en cierta forma. Trasplantarlos a la pantalla amputaría un 30 o 40 por ciento de la razón por la cual quize hacer ese trabajo en primer lugar.

Jerusalem, esta enorme novela en la que estoy trabajando, de la cual llevo avanzado dos tercios y ya va en algo así como 1,500 páginas, es algo que sólo podría hacerse como novela —y una increíblemente larga novela. Esto no funcionaría como una tira cómica. No tiene los suficientes pasos para una tira cómica. Es algo que ha sido diseñado para funcionar como prosa con ocasionales trozos de poesía, de la misma manera que La Liga está diseñada para funcionar como un cómic —o una novela gráfica, ya que todo el mundo insiste.

Muchos de los efectos de La Liga, las cosas que todos recuerdan, son inherentes al cómic. Si conviertes La Liga al cine, incluso si aseguras “mantenerte fiel a mi historia y mis diálogos” —Eso es tan improbable al punto de ser absolutamente imposible, pero digamos que lo sea. ¿Qué ocurre con el arte de Kevin? El arte de Kevin es tan integral a la propuesta de La Liga que no podría ser realizada con nadie salvo Kevin. En mi opinión él es una de los más grandes artistas trabajando hoy en el medio ya que sus influencias, sus estilos, provienen de la ilustración británica, los cómics británicos, y no del otro lado del Atlántico. No estoy diciendo que eso sea algo malo, pero mucha gente aquí, yo mismo incluido, fuimos influenciados más que nada por el material americano cuando crecíamos que aquello que, en retrospectiva, era un material británico excelente. El trabajo de Kevin siempre ha gozado de un subtexto absurdo y grotesco que es totalmente británico.

(…)En una película, no vemos los dibujos de Kevin O’Neill. No me importa cuanto CGI incluyan. No son los dibujos de Kevin O’Neill. Cuando pienso en The League of Extraordinary Gentlemen, son los dibujos de Kevin los que quiero ver, la narración de Kevin, o la narración que es una combinación de nuestros esfuerzos mutuos. Estas son las cosas que me importan sobre La Liga.

(…)Creo que las adaptaciones son una gran pérdida de tiempo en casi todas las circunstancias. Probablemente existan ejemplos que me contradigan, Pero creo que serán la excepción. Si algo funciona bien en un medio, en el medio que ha sido diseñado para operar, entonces el único propósito posible para querer realizarlos en “plataformas múltiples”, como le llaman estos días, es la de hacer mucho dinero con ello. No hay consideración alguna por la integridad de la obra, que es la única cosa que importa en lo que a mí concierne.

Wired Magazine

Alan Moore, Exit Interview – 2007

A unas horas del estreno de Watchmen, quiero presentarles este extracto del libro Alan Moore’s Exit Interview -2007, mismo que hace unos días posteo el buen amigo Saki Chan en su Tierra Freak y que nos deja en claro (muy en claro, diría yo) el porque Alan Moore esta tán resentido con la industria y con Hollywood.

¡Gracias por permitirme traer esto a la comunidad de LaCovacha.net Saki Chan…!

Ahora, sin más preámbulo, les dejó el texto:

Desde el momento en que comencé a crear obras que atrajeron el interés de la industria del cine, que fue casi al principio de mi carrera, no lo tuve nada claro.

Posiblemente porque mi primera experiencia con una filmación de mi trabajo fue cuando hicieron la deplorable Return of the Swamp Thing. Debido al quizá imprudente contrato que DC había firmado con los productores de la película The Swamp Thing en la época en que DC estaba desesperada porque llevasen al cine alguno de sus comics, el contrato decía que los cineastas tenían libertad para tomar cualquier cosa del comic The Swamp Thing, de cualquier momento del pasado o del futuro del título.

Por eso la segunda película de The Swamp Thing mostraba ideas y líneas de diálogo mutilado que habían extraído de mis -comparativamente reflexivos- comics, convirtiéndolos en travestis de mi obra, básicamente, lo que no me hacía muy feliz. Y en ese momento, más o menos decidí que las cosas que se hacían para ser leídas como un comic, probablemente no se traducían muy bien en películas. Esto era sólo mi opinión personal.

Y luego la gente empezó a hablar sobre opciones para Watchmen y V de Vendetta, para las cuales en ese momento ya me había dado cuenta que no tenía ni voz ni voto, porque ambos títulos eran propiedad de DC Comics. Así que, se convirtiesen en películas o no, estaba fuera de mi control.

Pero cuando se sugirió, creo que en ambos casos, dije que, sinceramente, no creía que se convirtiesen en muy buenas películas, y que, con seguridad, no serían tan buenas como los comics.

Creo firmemente que la mayoría de adaptaciones son una mala idea. Si algo funciona bien en el medio para el que fue creado, ¿qué razón hay para asumir que funcionará igual de bien, o mejor, en un medio totalmente diferente?

Me parece que la única motivación para estas cosas es la de ganar dinero convirtiendo lo que podría ser un trabajo honesto en una franquicia que pueda desembocar en una serie de películas y quizá una serie de productos, o juegos de ordenador- lo cual no tiene nada que ver con la razón por la que escribí la obra para empezar.

Así que ésa era mi posición; no podía impedir que las películas se hiciesen. No pensaba que fuesen una buena idea. Pero estaba listo para aceptar el dinero. Si iban a convertir mis cosas en películas, entonces cogería el dinero que me ofrecían por ellas. Esto era, sobre todo, porque en esa época, yo vivía en un paraíso de los tontos en el que -a excepción de la película de The Swamp Thing, por la que no me ofrecieron ningún dinero- ninguna de mis obras había llegado realmente a la pantalla.

En ese momento, el procedimiento, por lo que yo veía, era que habría opciones sobre mi obra. El artista y yo recibiríamos un par de pagos gordos por la opción, y luego –el mejor resultado posible- la película no se haría. Así que ganaríamos este dinero de la pelicula que la gente era tan amable de darnos y no tendríamos que pasar por algo cuyo resultado final sería una chapuza. Este plan funcionó bien justo hasta From Hell, que fue el primero de mis comics que llegó a filmarse, que realmente entró en fase de producción.

Bueno, me quedé un poco sorprendido por ésto, pero decidí que, “Bien, la película va a entrar en fase de producción. Lo más decente que puedo hacer es sencillamente mantener la distancia, no implicarme de ningún modo con su filmación, ya que la película no me interesaba para nada.“ Y éso, dicho sin ninguna falta de respeto a ninguna de las partes implicadas en ella. Era sólo que nunca había estado interesado en que mi obra se convirtiese en una película. Además, yo sería probablemente el peor juez de dicha película …”

Pero fue bastante bien. No hubo repercusiones desagradables. Aún no he visto la película, ni pienso hacerlo. Pero pasó sin ninguna desavenencia.

The League of Extraordinary Gentlemen fue la siguiente película que se hizo de mi obra. Y tomé la misma posición con esta película, que dejaría que Hollywood siguiera adelante con ello. No iría a verla cuando estuviese terminada. Aceptaría el dinero que me diesen por ella. Pero mantendría la distancia entre la obra y la versión filmada, como había hecho con From Hell.

Pero empezaba a encontrarme un poco incómodo. Porque me daba cuenta de que, aunque en mi cabeza hubiese una distinción muy clara de las diferencias entre el comic y la película, el espectador medio ni siquiera sabe que está basada en un comic. Y, si lo saben, probablemente asumirán que la película es un reflejo bastante fiel del comic.

Y yo empezaba a encontrarme incómodo con eso. Porque me parecía que, por mucho que me gustase pensar que había distanciado mi obra original de la adaptación cinematográfica, me dí cuenta de que, para la mayor parte del público, ése no era en absoluto el caso. ¿Y qué podía decir yo? Eso empezaba a hacerme sentir incómodo. Luego tuvimos un problema con un pleito.

Fue después de que la película se estrenó, The League of Extraordinary Gentlemen. Parece ser que un guionista de Hollywood había interpuesto una demanda contra los creadores de la película, sugiriendo que habían robado la idea de un grupo de personajes Victorianos que él les había propuesto en un guión de unos años antes.

No es que ninguno de los personajes de mi comic estuviesen incluídos en la lista de personajes de su guión. Pero creo que algunos de los personajes que se habían añadido a instancias del estudio, como Dorian Grey y posiblemente Tom Sawyer, que un par de estos personajes, tenían algún parecido con los de su guión.

La persona que demandó al estudio se dio cuenta de que éste era un caso un poco lioso, dado que la película estaba basada en mi comic –al menos supuestamente- y que por eso no podía demandar sólo a la película. Se argumentó que, aparentemente, el presidente de 20th Century Fox, o alguien importante dentro de 20th Century Fox, había robado las ideas de su guión y luego me había llamado –porque parece ser que somos muy buenos amigos- y me había sugerido que escribiese The League of Extraordinary Gentlemen como una pantalla de humo para encubrir su acto de hurto creativo. A lo que yo accedí, por lo que parece, así que hice el comic The League of Extraordinary Gentlemen puramente para cubrir el robo que alguien de la 20th Century Fox había perpetrado.

No tengo ninguna lanza que romper en favor de la honradez de la gente de la industria del cine. Por lo que yo sé, la gente de 20th Century Fox podría haber robado las ideas de esta persona. Pero lo que me molestó de verdad es que esto se había redactado de manera que parecía que yo había tomado parte, y además que tomo mis ideas de los escritores de Hollywood, quienes, para ser sincero, no son la gente por la que más respeto literario siento.

Parecía que la industria del cine, con la que yo no quería tener nada que ver, de repente estaba arrastrando mi nombre por un pequeño caso sucio y untuoso. Entiendo que la causa no iba contra mí, pero mi nombre se había visto envuelto.

Así que fui a Londres, a las profundidades del Soho, donde fui examinado durante 10 horas mediante videoconferencia, estuve hablando y contestando a todas las preguntas que me hicieron los abogados defensores de la Fox y el abogado del demandante. Fue muy aburrido.

Además, durante el curso de este juicio, me revelaron que uno de los productores de la película, aparentemente en broma, había enviado emails traviesos a la gente que interpuso la demanda diciendo que sí, que sabía con seguridad que yo había robado la idea de The League of Extraordinary Gentlemen del guión de este otro tipo, y luego había firmado los emails con un seudónimo falso.

Obviamente, corté todo contacto con esta persona. Pero él parecía estar totalmente alucinado por mi reacción, porque “Sólo había sido una broma”. Supongo que fue una de esas bromas de Hollywood, siempre las puedes identificar porque la verdad es que no tienen gracia.

Pero broma o no, se comunicaba con alguien que había interpuesto una demanda basada en la idea de que yo había robado mis ideas de un guionista de Hollywood. Les había mandado un email diciendo que sí, yo lo había hecho – por hacer una broma.

Parece ser que ésto fue lo que hizo que 20th Century Fox perdiera el caso, por lo que pude entender. Porque no fueron capaces de explicar apropiadamente esa broma. Y creo que llegaron a un acuerdo con los demandantes, que es casi como decir “Sí, lo admitimos, todas vuestras alegaciones eran ciertas”.

En ese momento decidí que no quería volver a tener nada que ver con la industria del cine por el resto de mi vida. La industria del cine me pareció totalmente podrida. Ni siquiera es un medio al que tenga demasiado afecto, para ser totalmente sincero. Hay muchas cosas de las que disfruto más que de una película.

(…) Así que decidí que la única posición que podía tomar en el asunto sería rechazar cualquier pago futuro que pudiesen hacerme por películas hechas de mi obras (…) y en consecuencia, pediría que quitasen mi nombre de las películas.”

Entrevistas a Alan Moore

No cabe duda que Youtube ha sido el escaparate para dar a conocer material audiovisual que sería muy dificil llegar a obtener en México.

Algo de este material, son estas entrevistas al Maestro Alan Moore, en donde habla acerca de sus grandes obras.

Recomendadas ampliamente por Yuano GL

1. Alan Moore talks about V for Vendetta

2. Alan Moore talks about Watchmen

3. Alan Moore talks about LOEG

La proxima semana continuamos con más partes de estas interesantes entrevistas.

Revolución en la Historieta

La Oscuridad de los Heroes.


Navegando este sábado por la red, me encontré que la reconocida publicación argentina derivada del diario “El Clarin”, “Revista Ñ“, cuyo corte es netamente cultural, publicó el pasado sábado 24 de enero, un artículo bastante interesante, respecto a como se está comenzando a considerar a la historieta, y en particular a la novela gráfica como una lectura seria y digna de compararse con grandes obras literarias.

Los exponentes, son los clásicos Watchmen de Alan Moore y The Dark Knight Returns de Frank Miller.

Si bien, son muchas referencias a estos dos clásicos de los 80’s, se enfatiza mucho en el contexto en el que se escribieron. A mi parecer, el artículo habría sido excelente si se hubiesen incluido comics y novelas gráficas actuales, tales como We 3 de Grant Morrison, Sandman de Neil Gaiman, Y: The last man de B.K. Vaughann, entre otras tantas y tantas joyas que podemos disfrutar en la actualidad.

Denle una oportunidad para leerlo, ya que es bastante extenso, pero creanme, es muy bueno.


Yuano GL

REVOLUCION EN LA HISTORIETA

La oscuridad de los héroes

Históricamente relacionada con el gusto juvenil, la historieta viene experimentando una metamorfosis protagonizada por autores que desarrollan temas de enorme complejidad visual y narrativa, orientados a lectores adultos. El regreso del caballero oscuro, de Frank Miller, y Watchmen, de Alan Moore, fueron la culminación de un nuevo lenguaje en la década de 1980. Ambas atrajeron a los estudios de cine y consolidaron un nuevo estatus del cómic.

Por: Diego Marinelli

Desde hace tiempo, en las librerías americanas y europeas es habitual encontrar estantes dedicados a la novela gráfica, rebosantes de obras de cómic de diferentes partes del mundo. Lo curioso es que no están junto a las góndolas de literatura infantil, tapados por gigantografías de Harry Potter ni conviviendo con revistas de figuritas autoadhesivas de personajes de Cartoon Network, que es el entorno que las historietas aún tienen en la mayor parte de las tiendas de libros argentinas.

La irrupción de la categoría novela gráfica en las grandes ligas del mercado editorial da cuenta de una revolución en el universo de las historietas que se viene gestando desde hace décadas y que está logrando que este género, históricamente asociado con el gusto juvenil, sea considerado de una vez por todas como un universo narrativo para adultos. En esto mucho tiene que ver la constante aparición de obras de gran calado, complejas tanto en lo narrativo como en lo visual, que reflexionan sobre temas tan diversos y “maduros” como la guerra de Irak, las relaciones personales en la era digital y la angustia frente a la existencia en las sociedades postindustriales, entre tantos otros.

Incluso, destacados críticos literarios internacionales han llegado al extremo de señalar que las novelas gráficas están desplazando hoy a la novela convencional en la tarea de captar el espíritu de la época, argumentando que el lenguaje de la historieta contemporánea se ajusta como un guante a la cultura visual y fragmentada que en nuestras vidas impusieron Internet y sus derivados. Por eso no es casual que Jimmy Corrigan, el chico más inteligente del mundo , un vanguardista comic-book del norteamericano Chris Ware, haya sido elegido como el libro del año del Guardian Book Award, el prestigioso galardón británico que en el pasado han obtenido pesos pesados como el escritor J. G. Ballard. Y ése es sólo un ejemplo entre tantos de la legitimación que la historieta está teniendo dentro del territorio de la literatura.

Siempre atentos a los cambios en la dirección del viento, los astutos ejecutivos de Hollywood son quienes en este momento están sacando mayor tajada de la revolución narrativa producida en el campo del cómic. Cualquiera que pegue un vistazo de tanto en tanto a la cartelera de los cines habrá podido comprobar cómo en los últimos años las pantallas se poblaron de innumerables relatos tomados de series de historietas, desde la intimista y contracultural American Splendor (basada en los cómics de Harvey Pekar) hasta superproducciones pochocleras como Hulk , Iron Man y El Hombre Araña , además de algunas adaptaciones de cómics de alta reputación como V de Vendetta y Sin City .

Entre todo este magma se destaca –por su impacto en taquilla y por su densidad artística– El caballero oscuro , la última edición de la saga de Batman que va camino a convertirse en una de las películas más vistas de la historia y que está profundamente influenciada por una serie de historietas de Frank Miller. Y dentro de poco le seguirá los pasos la versión cinematográfica de la legendaria Watchmen , una novela gráfica creada por Alan Moore, dirigida por Zack Snyder, el mismo que ya llevó 300 a las pantallas.

Precisamente estos dos cómics – El regreso del caballero oscuro y Watchmen – y sus autores –Frank Miller y Alan Moore– son considerados como los padres de la definitiva conversión de la historieta en un género literario con mayúsculas. A mediados de la década de 1980, ellos fueron los que sentaron las bases de un nuevo mundo en el que los buenos dejaron de ser tan buenos y los malos tan malos, para comenzar a confundirse entre sí. Culminando un proceso que inició Stan Lee en los años 60, la dupla Miller-Moore plasmó una nueva identidad de héroes problematizados y oscuros, incapaces de reconocer con claridad la diferencia entre el bien y el mal en una sociedad compleja y cargada de conflictos, una sociedad cada vez más parecida a la real.

En esos relatos, el lenguaje de la historieta perdió definitivamente toda su inocencia para incorporar elementos como la coyuntura política, la manipulación ejercida por los medios de comunicación, el pánico ante la autodestrucción de la humanidad en los tiempos de la Guerra Fría y la crisis de los grandes relatos que marcaron al siglo XX. En honor a la verdad, no es que de repente Miller y Moore descubrieran la fórmula de la Coca Cola. Otros autores de distintas partes del mundo (en Europa e, incluso, en la Argentina) ya venían planteando este tipo de elementos de ruptura en sus obras, pero la diferencia, la enorme diferencia, es que ellos detonaron la bomba en el corazón del sistema: las revistas de superhéroes.

Fue justo a mediados de los años 80 cuando Frank Miller recibió el encargo de dar un poco de vida a la alicaída serie Batman . El tipo venía precedido de un cierto aura de creador visionario tras la publicación de Ronin , un libro en el que fundió las tradiciones del cómic americano y el manga japonés, así que aceptó el encargo con la condición de tener libertad para darle una vuelta de tuerca a la historia del hombre-murciélago. Apuntando sin vueltas a una franja de lectores adultos, Miller presentó la historia de un Batman ya jubilado, navegando entre la depresión, el alcoholismo y las tendencias suicidas, que observa de reojo cómo su Ciudad Gótica se ha convertido en un campo de batalla entre bandas callejeras de cierta estética punk y las ineptas fuerzas policiales. El ruido de fondo es un país gobernado por un Ronald Reagan entre cómico y macabro que se prepara para enfrentar un inminente ataque soviético.

La televisión es uno de los protagonistas excluyentes de la trama, ya que a través de los constantes flashes que van atravesando la historia, el lector puede ver cómo el gobierno inyecta altas dosis de propaganda en las mentes de los ciudadanos para justificar cualquier mentira con tal de detener el peligro comunista. También por ese medio, la población de la ciudad asiste a los debates acerca de si Batman es un noble justiciero o un fascista amante de la mano dura que es, en realidad, la otra cara de la moneda de la violencia social. En el Batman de Miller, Ciudad Gótica es claramente un espejo metafórico de las sociedades occidentales de finales del siglo pasado: un sitio dominado por la tensión y la paranoia en el que los enemigos interiores pueden ser tanto o más peligrosos que los exteriores. Un escenario que sonaría muy familiar y curiosamente actual, si el peligro soviético se trocara por la asechanza del terrorismo islámico.
Héroe parapolicial
En ese contexto, Batman aparece como una especie de líder mesiánico que termina comandando a un ejército parapolicial dispuesto a imponer el orden y, también, a vengarse de una sociedad enferma y amoral. Al cabo, lo que hace Miller en este libro es dar el parte de defunción a los héroes clásicos de la historieta y los muestra incapaces de encontrar su sitio en tiempos confusos en los que los villanos son cada vez más difíciles de reconocer. La moraleja es que un presidente enfebrecido por la locura armamentista y capaz de destruir el planeta con sólo apretar un botón es infinitamente más peligroso que malvados de opereta como el Guasón y Harvey Dos Caras. Como escribió en su momento un crítico de la revista Rolling Stone: “Este Batman va mucho más lejos de la simple iconografía de la historieta, es el símbolo violento de la disolución del idealismo norteamericano”.

La identidad atormentada y moralmente ambigua de Batman concebida por Frank Miller es la que inspiró a Tim Burton para llevar al cine su propia visión del mito del hombre-murciélago, allá por 1989. Christopher Nolan, el director de las dos últimas películas de la serie ( Batman Inicia y El caballero oscuro ) eligió hacer hincapié en Batman Año Uno , otro libro de Miller en el que se cuentan los años de infancia y juventud de Bruce Wayne, enriqueciendo su relato cinematográfico con conceptos y tramas tomadas de otras historietas como The Killing Joke , de Alan Moore y Brian Bolland , y El largo Halloween de Jeph Loeb y Tim Sale. El común denominador de todas ellas es partir desde la idea de que la muerte, la crueldad y las dudas morales también forman parte de la psyche de los héroes, tal como ocurre con el resto de nosotros.

Si bien Alan Moore podría haberse ganado un lugar en el Olimpo del cómic gracias a obras como The Killing Joke , V de Vendetta o From Hell , es por Watchmen que este británico comenzó a ser reconocido como uno de los grandes autores de ciencia-ficción contemporáneos. Pensada desde el vamos como una novela hecha y derecha, esta historieta protagonizada por una pandilla de superhéroes retirados y sin poderes de ninguna clase comenzó a publicarse en 1986. Apenas dos años más tarde recibió el Premio Hugo, el más importante dentro del género de literatura fantástica y, en 2005, la revista Time la eligió como una de las cien mejores obras literarias escritas en lengua inglesa durante el siglo XX.

El porqué de tantas palmaditas en la espalda reside en que Watchmen logró reunir y sistematizar toda una serie de nuevos elementos temáticos y formales que no solamente expandieron los límites del lenguaje de la historieta, sino que fueron incorporados también por creadores de otras artes como la literatura y el cine. Dibujada por Dave Gibbons, la narración de Watchmen se organiza en una furiosa sucesión de flashbacks y saltos temporales, con diferentes microhistorias que se abren, se cierran y se vuelven a abrir hasta poner al lector al borde de un ataque de pánico. “Esta manera de romper la linealidad de la narración se adelanta una década a las tendencias del cine de los 90 que irrumpieron con Pulp Fiction , de Tarantino”, señala Carlos Scolari, autor del libro Cómic y cultura de masas en los años 80 . “Y con ella Moore lleva a su grado máximo el desequilibrio psicológico de los superpersonajes, mostrándolos como seres humanos en los límites de la locura y reflexionando sobre la caótica realidad del fin de siglo”.

El escenario de la obra cumbre de Alan Moore es una ucronía, una realidad alternativa en la que los Estados Unidos han ganado la guerra de Vietnam gracias a la ayuda del Dr. Manhattan, el único personaje en todo el libro que posee alguna clase de superpoderes: un científico nuclear que tras un accidente recibe el don de manipular a su antojo la materia. Sin embargo, eso no lo convierte en un superhéroe de vieja escuela, comprometido con el bien común y las causas justas. Por el contrario, completamente ensimismado en devaneos metafísicos, el Dr. Manhattan no siente un apego particular por la humanidad y se plantea seriamente dejarla desaparecer si estalla una guerra nuclear entre los Estados Unidos y la Unión Soviética que parece estar a punto de acontecer. Al igual que en el Batman de Miller, los ciudadanos de a pie ven a los superhéroes de Watchmen como a un grupo parapolicial y peligroso, que solamente es uno de los tantos indicadores de la demencia que los rodea. Who watch the Watchmen? (¿Quién vigila a los vigilantes?) es un graffitti que aparece pintado en las paredes de la ciudad, una Nueva York plasmada en tonos oscuros y amenazantes.

Otro de los aspectos que hacen tan vertiginosa e interesante la trama de Watchmen es su intensa intertextualidad. A lo largo de todo el libro, las viñetas de la historieta se cruzan permanentemente con diferentes géneros textuales como recortes de revistas, diarios personales, fichas policiales, letras de canciones de Bob Dylan y Elvis Costello, y referencias a autores como William Burroughs y Joseph Conrad y a íconos de la cultura pop, como las películas de Rambo. Esta manera de construir el relato uniendo informaciones fragmentarias y laterales a la trama apareció mucho tiempo antes en el universo creativo de autores como Alberto Breccia y Héctor G. Oesterheld, pero es en la obra de Alan Moore donde alcanzó proporciones realmente revolucionarias.

Considerada como uno de los estratos más altos alcanzado por el lenguaje de las historietas, Watchmen fue publicada por DC Comics entre 1986 y 1987 como una serie de 12 entregas. Sin embargo, el gran impacto se produjo cuando fue reunida en un solo libro y presentada bajo el formato de novela gráfica, con el que ha vendido decenas de miles de ejemplares en todo el mundo durante los últimos veinte años.

El quiebre protagonizado por Miller y Moore en los años 80 abrió la puerta a la popularización de un nuevo tipo de relatos que transformaron radicalmente la manera de entender a las historietas. Desde entonces, los viejos arquetipos se desmoronaron y dieron pie a la aparición de una nueva clase de autores que, en su mayoría, abandonaron por completo el entramado de los superhéroes y hoy desarrollan obras que se mueven dentro de ámbitos temáticos de los más diversos, desde literatura del yo y la crónica periodística, hasta la novela histórica y, por supuesto, la ciencia-ficción.

Es cuestión de tiempo. Tarde o temprano, las librerías argentinas acabarán por comprender la enorme transformación que se ha producido en el mundo de las historietas, de tal forma que las obras de esta nueva generación de autores acabarán llegando a sus estanterías y, luego, a las manos de una nueva generación de lectores. Sabiendo que se trata de un proceso inevitable, quizás sea hora de ir empezando.